Comentario del libro:
Zarabanda con perros amarillos de Vicente Quirarte es un poemario relacionada con la nostalga y la tristeza, pues aborda temas como la muerte de seres queridos, recurriendo a narraciones de escenas entre él y personas queridas, es decir, recuerdos de la persona antes de morir.
Se destaca los sueños y las grandes aventuras descritas por un niño, pues eso exactamente, los mejores recuerdos de la persona dolida por la muerte de alguien muy especial. Sin embargo, al final de los poemas parece resignarse y dejar ir a la persona fallecida y así comenzar una triste despedida.
XV
Papeles rescatados de tu cesto
Reconstruyen el mapa
De tus últimos días. El 2 de mayo
-día de los fusilamientos en Madrid-
Tomaste un café capuchino
En la plaza de Tlalpan.
Pagaste con un billete de cincuenta.
Eras un hombre vivo. El mundo continuaba
-niños, perros, flores – y era el jardín
Un escenario negro, un sudario sin nadie.
A una cuadra, el Hospital Floresta
Levantaba su muro intraducible.
El billete de cincuenta se gastaba,
Igual que tu vida.
A la mitad del día,
En este jardín de Tlalpan
Que era tu andén, tu estribo, tu salida,
Parten la plaza las mujeres
Con la misma aparente indiferencia
Con que se alzan las orejas del perro
Para ahuyentar la
abeja
Que interrumpe su sueño.
De vuelta del mercado,
En bolsas de plástico
Llevan alas de pollo y en la mano
Un racimo de apio que celebra
La ceremonia diaria de la vida.
Cruzan la calle, anónimas, seguras
De ser hadas madrinas
Y bendecir las horas.
Comentario del poema
El poema aborda los recuerdos,
pues el narrador describe lo plasmado en el diario de una persona fallecida. Se
adquiere un sentimiento de nostalgia, pues el lector comienza a imaginarse una
vida normal y rutinaria, y como su nombre lo dice, llena de vida. De esta
manera es imposible imaginar a la persona como solamente una esencia, pues ha
fallecido.
Y tal como lo menciona en un
fragmento del poema “Un racimo de apio que celebra la ceremonia diaria de la
vida”, las cosas hechas por parte de todas las personas en la ciudad, pueblo,
jardín, etcétera son actos propios de la vida, actos menospreciados por muchos, pues son comunes y corrientes, pero al analizarlos se convierten simplemente y maravillosamente en una enorme fuente de vida y como un privilegio muy hermoso, y así se logra apreciar las cosas en posesión de uno mismo.
Ficha
bibliográfica:
Quirarte,
V. (2002). Zarabanda con perros amarillos. México: Colibrí.
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