Recogiendo Poemas de Jaime Sabines
Los poemas de este autor son sensibles y claros, la manera de escribir, su estructura. En el libro nos proporcionan temáticas con el contenido ideal. Los títulos del autor son demasiado apropiados, nos da una frescura y calidez desde las primeras palabras. Al momento de leer, nuestras sensaciones salen instantáneamente. Se puede percibir enormemente la alegría, "Me encanta Dios", la nostalgia, "Tía Chofi", el desamor, "Espero curarme de ti", la reflexión, "¿Qué putas puedo hacer?", más lo del lector.
Espero curarme de ti
Espero curarme de ti en unos días. Debo dejar de fumarte, de beberte, de pensarte. Es posible. Siguiendo las prescripciones de la moral en turno. Me receto tiempo, abstinencia, soledad.
¿Te parece bien que te quiera nada más una semana? No es mucho, ni es poco, es suficiente. En una semana se puede reunir todas las palabras de amor que se han pronunciado sobre la Tierra y se les puede prender fuego. Te voy a calentar con esa hoguera del amor quemado. Y también el silencio. Porque las mejores palabras del amor están entre dos gentes que no se dicen nada.
Hoy que quemar también ese otro lenguaje lateral y subversivo del que ama. (Tú sabes cómo te digo que te quiero cuando digo: "que calor hace", "dame agua", "¿sabes manejar?", "se hizo de noche"...Entre las gentes, a un lado de tus gentes y las mías, te he dicho "ya es tarde", y tú sabías que decía "te quiero".)
Una semana más para reunir todo el amor del tiempo. Para dártelo. Para que hagas con él lo que tú quieras: guardarlo, acariciarlo, tirarlo a la basura. No sirve, es cierto. Sólo quiero una semana para entender las cosas. Porque esto es muy parecido a estar saliendo de un manicomio para entrar a un panteón.
Comentario.
El poema refleja la pesadez y el dolor del autor al hablar de su recuperación, él mismo reúne todo lo dicho, y se empeña en seguir reuniendo más y más palabras para describir aquél amor, incluso las más cotidianas, las aparentemente sin nada, y por si no fuera suficiente completa esas palabras con las aún más hermosas, las del silencio. Y mientras tanto, el tiempo y la abstinencia no son suficientes, pues percibimos más muerte de aquella enfermedad.
Te quiero a las diez de la mañana.
Te quiero a las diez de la mañana, y a las once, y a las doce del día. Te quiero con toda mi alma y con todo mi cuerpo, a veces, en las tardes de lluvia. Pero a las dos de la tarde, o a las tres, cuando me pongo a pensar en nosotros dos, y tú piensas en la comida o en el trabajo diario, o en las diversiones que no tienes, me pongo a odiarte sordamente, con la mitad del odio que guardo para mí.
Luego vuelvo a quererte, cuando nos acostamos y siento que estás hecha para mí, que de algún modo me lo dicen tu rodilla y tu vientre, que mis manos me convencen de ello, y que no hay otro lugar en donde yo me venga, a donde yo vaya, mejor que tu cuerpo. Tú vienes toda entera a mi encuentro, y los dos desaparecemos un instante, nos metemos en la boca de Dios, hasta que yo digo que tengo hambre o sueño.
Todos los días te quiero y te odio irremediablemente. Y hay día también, hay horas, en que no te conozco, en que me eres ajena como la mujer de otro. Me preocupan los hombres, me preocupo yo, me distraen mis penas. Es probable que no piense en ti durante mucho tiempo. Ya ves. ¿Quién podría quererte menos que yo amor mío?
Comentario
Nos describe una situación muy cotidiana, la vida en pareja. Él la quiere la mayor parte del tiempo excepto cuando ella dice sus inconformidades, cuando ella piensa en todo lo demás menos en él. Él amargado por esto, desprende su odio hacia esto, y algunas veces, solo se somete al momento de olvidar y concentrarse en él, convirtiendo a su mujer en una extraña. Pero al hacer el amor, son solo ellos, el cuerpo de ella es lo más perfectamente ajustable o amoldable a él, "Tú vienes toda ente a mi encuentro y los dos desaparecemos un instante..." Eso es, tan solo instante, él más importante, y acaba cuando se adentran aún más en la realidad, cuando entran a la realidad de comidas y horas de dormir. Sin embargo: ¿quién podría quererla más queriéndola de a menos?
Yo no lo sé de cierto.
Yo no lo sé de cierto, pero supongo
que una mujer y un hombre
algún día se quieren,
se van quedando solos poco a poco,
algo en su corazón les dice que están solo,
solos sobre la tierra se penetran,
se van matando el uno al otro.
Todo se hace en silencio, Como
se hace la luz del otro del ojo.
El amor une cuerpos.
En silencio se van llenando el uno al otro.
Cualquier día despiertan, sobre brazos;
piensan entonces que lo saben todo.
Se ven desnudos y lo saben todo.
(Yo no lo sé de cierto. Lo supongo.)
Comentario.
Una mujer y una hombre se van quedando solos, y en ese momento implícitamente comienza esa búsqueda. Al quererse, se van matando, cada vez más. Ocurre con sigilosidad. Con calma. Cada momento es importante. Los cuerpos se complementan. Se acercan más a la respuesta precisa: "Cualquier día despiertan, sobre brazos; piensan entonces que lo saben todo. Se ven desnudos y lo saben todo." Un día saben cuál es el significado de estar solos, se tienen solo a ellos, y nada más, no se necesita comprender más.
Cuando tengas ganas de morirte
Cuando tengas ganas de morirte
esconde la cabeza bajo la almohada
y cuenta cuatro mil borregos.
Quédate dos días sin comer
y verás qué hermosa es la vida:
carne, frijoles, pan.
Quédate sin mujer: verás.
Cuando tengas ganas de morirte
no alborotes tanto: muérete
y ya.
Comentario.
Cuando pensamos en la vida sin sentido y sin valor, cuando se piensa solo en morirse. No especular es lo mejor. Al morir se pierde la gloria de estar vivo, se pierde el placer del amor, el placer de comer. Morirse es demasiado fácil, perderse de todo aquello no lo es. Morirse es dejar, no solo de vivir, sino de disfrutar.
Bibliografía.
Sabines, J. (1997). Recogiendo Poemas. México: Ediciones Zarebska.
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